GRUPO DE CATEQUISTAS...

Parroquia Santa Ana y la Esperanza (Moratalaz - Madrid)

 

Formamos un grupo muy joven, y... unidos, trabajamos sabiendo que Dios nos ha elegido..., nos ha llamado para anunciar y dar testimonio del Evangelio, transmitir las enseñanzas de Jesús comunicando siempre su Amor..., no solo a los niños, adolescentes y jóvenes que de jueves a sábado llenan las salas de nuestra parroquia en los grupos de Comunión, Post-Comunión, Confirmación y Post-Confirmación también, a sus familias, a nuestros amigos más alejados, en nuestros trabajos, universidad, en nuestras propias familias...

 

 

Nuestro sí, lo expresamos poniendo ilusión y amor en lo que hacemos, con nuestra dedicación preparando cada semana las catequesis, oraciones, Eucaristía de los domingos, ensayos del coro, talleres, nuestras reuniones, convivencias, excursiones,  participando en los encuentros agustinianos y de nuestro Arciprestazgo. Nuestro agradecimiento a los sacerdotes Agustinos que nos guían y acompañan...

¡QUEREMOS VIVIR COMO JESÚS VIVIÓ!

     
 
¡«Ser catequistas» no es cosa fácil! Es mucho más sencillo «dar 
catecismo»... a unas horas establecidas... con un texto que explicar 
en las manos... con un programa a desarrollar... Se incurre en este 
peligro cuando se convierte uno en catequista con demasiada 
precipitación, en una situación pastoral que muchas veces 
demanda con urgencia una contribución inmediata a la educación 
de los muchachos en la fe. Antes que nada es importante «ser 
catequistas» lo demás viene por si solo.
Tú mismo tal vez, después de haber adquirido el método y 
asimilado mejor el mensaje cristiano, adviertes en este punto 
precisamente la necesidad de definir y cualificar tu identidad. 
Deseas «convertirte en catequista», es decir, rehacer un camino 
que personalmente te compromete a lo largo y ancho de itinerarios 
de fe que te sitúan junto a los muchachos para crecer con ellos en 
la vida de comunión con el Señor, en la escucha de la Palabra de 
Dios, en la oración y en la participación asidua en los sacramentos. 


El catequista, por lo mismo, no debe olvidarse nunca de que la eficacia 
de su magisterio, más que a aquello que dice, sera proporcional a aquello 
que es, al calor que dimane de los ideales por él vividos y que irradie de 
todo su comportamiento. Su preocupación primordial será, pues, la de 
adecuar su propia vida espiritual a aquello que él enseña, cultivando la 
oración, la meditación de la palabra de Dios, la fidelidad en el propio 
cumplimiento del deber, la caridad para con los hermanos indigentes, la 
esperanza de los bienes eternos (Card. Giovanni Colombo). 

En este camino es donde me acerco a ti para estar juntos 
delante del Señor, de la Iglesia, ante nosotros mismos, en el 
silencio y en la meditación, antes de anunciar la Palabra de Dios.
Solamente de esta manera es posible llegar a descubrir la 
propia identidad de catequistas, que es un don antes que un 
compromiso, una.vocación antes que una opción personal, una 
respuesta de fe antes que un simple servicio de promoción 
humana.
Puedes, sobre todo, releer en profundidad tu tarea catequistica, 
captarla en sus aspectos esenciales y especificos; adquirir un 
nuevo modo de relacionarte con los muchachos y formarte una 
imagen de ellos a la luz de Dios.
De hecho, el catequista acierta a dar con las respuestas de fe 
tan sólo cuando él en persona se pone con frecuencia a la 
escucha de la Palabra, la medita con sincera humildad y vive con 
entusiasmo su ministerio, redescubriéndolo de continuo de una 
manera nueva y gozosa. 
Este es el propósito que tiene que guiarte a lo largo de los tres 
itinerarios propuestos: bíblico, teológico y eclesial, para una 
relectura espiritual de tu servicio catequético.
Te recomiendo evitar la tentación de la prisa. Detente más de 
una vez, ya que no se trata de lecciones, sino de sugerencias para 
la meditación personal o de grupo.
Por ello, no busques aquí normas o métodos, sino tan sólo tu 
identidad de catequista a la luz de la palabra de Dios en la Iglesia 
actual. Advertirás que el lenguaje empleado, en los momentos de 
mayor intensidad, te interpela de una manera directa, a fin de que 
no te evadas de la provocación que te supone. 
Podrás vivir esta experiencia solo o en grupo, durante un curso 
de formación espiritual o en retiros para catequistas.
Eso si, es necesario que recuperes la conciencia de la 
importancia básica de la vida de comunión con Dios, a fin de 
cumplir con fidelidad tu servicio de la Palabra, que es un ministerio 
de gracia y exige competencia y santidad.
Te deseo que el Espiritu del Señor te acompañe en las 
reflexiones que puedan sugerirte estas páginas, a fin de llegar a 
hacerte cada día más y más «catequista».
 

 

 

 

Parroquia Santa Ana y la Esperanza
 
PP. Agustinos
 28030 Madrid