EL PUNTO DE INFLEXIÓN

Actualizado: 5 de oct de 2019



Ese momento en el que te das cuenta de que lo que quieres hacer es una locura.

Pero...lo que te ha llevado aquí si que era una locura, y querer seguir el mismo camino una mucho mas grande.

Durante unos años estuve trabajando en algo que no me llenaba.

Un horario de 10 a 3 y de 5 a 9 que no me permitía hacer absolutamente nada que me hiciese crecer minimamente como persona, cuando salía del trabajo estaba completamente agotado, sobre todo a nivel mental.

Eso poco a poco me fue desgastando, a todos los niveles, cogí sobre peso, perdí pelo, estaba amargado y sin ganas de nada...

Hasta que llega un momento que te das cuenta de algo: para que estoy haciendo esto? Para conseguir qué? Estoy en un camino que por mucho que me esfuerce siempre seguiré en la misma posición, nunca subiré el peldaño, nunca crearé algo que pueda hacerme crecer y pasar al siguiente nivel.


Estaría muy bien decir "di el paso" pero no fue así, no es un proceso de un día para otro.

Te lo planteas, lo ves bien pero ves problemática y pegas por todos lados...

Cuántas excusas nos ponemos por miedo a fracasar, cuántas veces nos auto boicoteamos para ni siquiera intentarlo. Más que miedo considero que es vagancia o comodidad. No queremos fallar en algo porque eso supone levantarnos de nuevo. Qué pereza volver a intentarlo para esperar al siguiente golpe ¿verdad? Mejor vamos a sentarnos cómodamente y a quejarnos de lo injusta que es la vida porque no me llena la cuenta bancaria de dinero, ni me trae el amor a la puerta de casa, ni me da tiempo para poder hacer deporte y sentirme bien conmigo mismo.


Cuánta energía desperdiciamos con la queja y la preocupación en lugar de utilizarla para trabajar en nuestros sueños o al menos empezar a construir nuestro propio camino. Yo he sido y soy el primero, todavía me quedan muchas excusas que eliminar, por ejemplo la que me ponía para no escribir o para no dejar mi trabajo.


No soy escritor, ni pretendo serlo. Escribo de corazón porque me apetece compartir mi experiencia con todos aquellos que puedan tener la misma sensación de “no sé lo que sucede pero esta no es la vida que quiero”.

Para poneros un poco sobre aviso y explicaros algo más sobre mí: hace unos meses decidí dejar mi cómodo trabajo en una franquicia de electrónica para dedicarme al 100% a YouTube y al mundo de la comunicación en general. No, esta no es otra historia de como ser youtuber, o quizás sí, no lo sé. Simplemente intento contar algo, sobre todo por si pudiera ayudar o hacer reflexionar a alguien.

Siempre comparo a las personas con canciones. La música es algo a lo que me he dedicado durante muchos años! (si, tuve época DJ! y en ocasiones sigo haciendolo).

Hay algunas canciones famosas que son vacías, no transmiten ningún tipo de mensaje, pero te entretienen y  te hacen bailar. Otras bailables y super virales que transmiten un mensaje pero que quizás no es el mensaje que realmente aporte algo. Luego están los temazos completos con increíble continente y enriquecedor contenido. Pienso mucho en el primer caso, y me da pena que ese tema famoso no sea aprovechado para algo más que para transmitir unas cuantas notas.


Creo que las personas son como canciones, si disponen de esta visibilidad en la sociedad tienen la responsabilidad de transmitir y aportar en positivo al resto. No solo me refiero a Lady Gaga o Steve Jobs por ejemplo, pienso, incluso, en el youtuber con 20 suscriptores. ¿Os habéis parado a pensar lo que se puede llegar a hacer con dos docenas de personas juntas? Si tres fueron capaces de fundar en su garaje una de las empresas más admiradas del mundo imaginaos lo que podría llegar a suceder si se junta un grupo más grande.

Al final todos tenemos una responsabilidad y depende de nosotros elegir si queremos ser la canción tonta que ponemos mientras limpiamos nuestra habitación, o la que ponemos para volver a levantarnos y seguir poniéndole ganas a la vida tras esa última hostia.

Yo tomé la decisión hace varios meses cuando pasó por mi cabeza un pensamiento que jamás creí pudiera tener. Fue mientras estaba delante de mi ordenador en mi anterior trabajo, sin venir a cuento pensé: “si ahora mismo me muriera, me daría igual”.

Esto lo sabe muy poca gente, de hecho no lo quería contar para que mi familia no se asustara, (Mamá si estás leyendo esto, tranquila, estoy de maravilla y quiero seguir comiendo tus macarrones con queso. Te quiero).


A lo que voy: me asusté. Ni yo mismo entendía lo que se me acababa de pasar por la cabeza. Yo que siempre estoy riendo, que intento ser positivo y arriesgarme a vivir lo máximo posible, estaba imaginando que quizás ya no era necesario seguir haciéndolo. Lo que más me sorprendió de esa situación es que no me había pasado nada que diera pie a sentirme así. Es decir, ni había fallecido algún ser querido, ni me habían roto el corazón, ni había ocurrido acontecimientos horribles que dieran pie a esa sensación de rendición ante la vida.

En ese momento hice lo mejor que pude hacer y fue contárselo a alquien muy especial. Si os pasa algo parecido contadlo a un amigo o al vecino de enfrente, ¡pero no os lo calléis! Yo soy el primero que quiere arreglarlo todo sin ayuda de nadie, pero a veces no es posible. Tuve una muy larga conversación con esa persona y me recordó una cita celebre de alguien que a todas luces seguro que ya esta muerto:

“La tragedia de la vida no es la muerte, sino que nos dejamos morir por dentro mientras aún estamos vivos y si tú sigues así morirás a los 36 pero te enterrarán a los 80”

No hay más que decir su señoría. Mueve el culo y lucha por la vida que realmente sueñas.


Como puedes ver, soy una persona normal, como tú, solo que he decidido saltar al vacio.

La hostia puede ser terrible, pero...¿y si vuelo?


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